
La renuncia de Marco Lavagna a la conducción del Indec abrió este lunes un doble frente en el Gobierno: un nuevo recambio en un organismo central y un giro en la política estadística. El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que Pedro Lines -el «número dos»- quedará al frente de la conducción y que se postergará la aplicación de la nueva medición del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que iba a comenzar a regir este mes.
«Renunció porque se ha estado trabajando en la nueva metodología del Indec y Marcos tenía como fecha implementarlo ahora, y con el presidente siempre tuvimos la visión de que había que implementar un cambio una vez que el proceso de desinflación ya estaba totalmente consolidado«, sostuvo Caputo en Radio Rivadavia.
Lavagna -quien ocupaba el cargo desde 2019- dejó el organismo en momento particular: a días de que el Indec difundiera por primera vez el IPC bajo la nueva metodología. Desde ATE Indec advirtieron que la salida ocurre «en un momento sensible» y reclamaron preservar la independencia técnica del organismo, en medio de tensiones internas vinculadas al congelamiento salarial del personal y a la fuerte exposición pública que tendrá el instituto con la difusión del nuevo IPC.
«No hay necesidad de cambiar ahora el índice. Da igual, da prácticamente lo mismo. Enero este mes daba un punto más abajo el índice nuevo. Vamos a mantenerlo hasta que el proceso de deflación este consolidado. No hay fecha del cambio«, detalló el ministro de Economía.
Con la salida de Lavagna, ya son 224 los funcionarios políticos que abandonaron la administración de Javier Milei en poco más de 700 días de gestión, según el relevamiento del politólogo Pablo Salinas, quien lleva el seguimiento.
Las salidas de las últimas semanas incluyeron al secretario de Transporte, Luis Pierrini; al titular de la Unidad de Información Financiera (UIF), Paul Starc; al interventor del ENARGAS, Carlos Casares; y a los responsables de Trenes Argentinos Gerardo Boschin (Operaciones) y Leonardo Comperatore (Infraestructura). La mayoría de los movimientos se concentraron en áreas sensibles de la administración y en empresas públicas.
Para Salinas, la acumulación de recambios ya no responde a episodios aislados sino a una tendencia estructural. Remarcó que a comienzos de diciembre la cifra rondaba las 190 renuncias: «La aceleración es importante», explicó. Según su análisis, el ritmo -equivalente a la salida de un alto funcionario cada cuatro días desde el inicio de la gestión- encamina al gobierno a un récord de recambios desde el retorno de la democracia.
Más allá del impacto político, Salinas advirtió sobre efectos concretos en la administración. «Cuando una persona renuncia o la echan, el tiempo para reemplazarla, poner en orden la firma y el nuevo equipo genera demoras en la política pública. Se paralizan firmas, licitaciones y contrataciones», explicó. A eso sumó un efecto interno: «Ante la mínima desaveniencia, la respuesta es la expulsión. Eso genera una parálisis en los que quedan: no hacen olas porque el que hace olas, lo rajan».
¿Pero qué es lo que se venía trabajando para modificar la metodología del índice? En este caso, a diferencia de lo que había ocurrido con la intervención del Indec en 2007, no tiene nada que ver con la manera de calcular los precios. En esta ocasión se trataba de una actualización en las ponderaciones de los productos medidos para reflejar los hábitos actuales de consumo. La canasta actual surge de la encuesta de gastos realizada en 2004. La nueva, que por ahora no se implementa, surge de la medición de gastos correspondiente a 2017-2018.
Una muy respetada medición sobre cuánto arrojaría el índice a partir de los nuevos ponderadores corresponde a Martín Rozada, econometrista de la Universidad Di Tella. Este especialista calcula la “inflación latente”, que es justamente calcular el índice de precios a partir de esa canasta de consumo actualizada en vez de tomar en cuenta la de 2004.
Según la medición que hizo recientemente, el Índice de precios al Consumidor (IPC) de 2025 hubiera subido a 33,6% en vez del 31,5% difundido por el Indec. Es decir, la “inflación latente”, que recoge mejor el consumo de los hogares, estuvo según esta metodología 2,1 puntos porcentuales por encima de la oficial.
La primera conclusión que surge de estas estimaciones es que los servicios ganarían peso en forma significativa en detrimento de los bienes (aproximadamente 12 puntos porcentuales). Los alimentos y bebidas no alcohólicas cederían aproximadamente 6 puntos porcentuales de participación en el IPC (de los cuales 2 puntos porcentuales serán atribuibles al agrupado carnes y derivados).
Por su parte, las prendas de vestir y calzado disminuirían su participación desde el 8,2% implícito en 2025 en el IPC anterior a aproximadamente 6,8% en el nuevo. En sentido contrario, se destaca el incremento de casi 3 puntos en la ponderación de combustibles y lubricantes.
Otra forma en la que se reflejará la menor influencia de los precios de los alimentos en el indicador será la marcada caída en el peso de Restaurantes y comidas fuera del hogar, desde aproximadamente 10% a 6% del índice.
Los servicios, en sentido contrario, aumentaban significativamente su ponderación. Uno de los ejemplos más claros es el de los alquileres, que pasaba de 3% a 6% de ponderación.
“Las actualizaciones de las tarifas de los servicios públicos, los mecanismos indexatorios en alquileres y expensas, y la evolución de los salarios tenderán a impactar relativamente más en el nuevo IPC”, explicaron en el Central.
FUENTE: InfoBae


